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Days of Recollection

Signos de la gracia de Dios
Dios conduce la historia de la Congregación

A los diecisiete años, José era más amado por su padre Jacob que el resto de sus hermanos. Estos odiaban a José por el amor con el que lo obsequiaba su padre. El odio creció todavía más cuando les relató sus sueños proféticos, como si hubiera de reinar sobre ellos en el futuro. Algunos resolvieron incluso matarlo, pero cierto día, después de prenderlo, lo vendieron a unos mercaderes ismaelitas por veinte piezas de plata. Cuando los hermanos convencieron a su padre Jacob de que José había sido devorado por un animal feroz, este fue vendido en Egipto a Putifar, un oficial del Faraón. “Yahveh asistió a José. que llegó a ser un hombre afortunado.” (Ge 39,2). Rápidamente se ganó el favor de su señor, quien lo puso al frente de su casa. Sin embargo, cuando nuevamente no se dejó seducir por la esposa de Putifar, esta lo acusó con su marido de haber intentado violarla. José fue encarcelado, “pero Yahveh asistió a José y le cubrió con su misericordia, haciendo que se ganara el favor del alcaide” (Ge 39,21), quien confió a José el cuidado de todos los detenidos. Un día, José interpretó bien el significado de un sueño al escanciador del Faraón encarcelado con él y le aseguró que después de tres días sería liberado. El escanciador, después de haber abandonado la cárcel, de acuerdo con lo que José había predicho, se olvidó inmediatamente de él. Sin embargo, después de dos años, cuando ya nadie era capaz de comprender el significado de los sueños del faraón, el escanciador le recordó a nuestro Hebreo. Habiendo sido llamado por el Faraón, José le explicó que Dios había preparado para Egipto y para el mundo, siete años de abundancia, después de los cuales vendrían siete años de hambre. Habiendo creído el faraón en la profecía, hizo de José el segundo después de él en el país y lo puso al frente de todo Egipto.

Comenzando por el odio de sus hermanos y por haber sido vendido a Egipto, parece que las siguientes décadas de los años de vida de José se pueden ver como una gran cadena de humillaciones, injusticias y desgracias. Sin embargo, el Autor del libro del Génesis nos asegura que, durante todo el tiempo, Dios estuvo incesantemente con José y que él estaba completamente entregado a Dios. Así llegamos al punto culminante, es decir, al arribo de los hermanos de José a Egipto después de dos años de hambre. De acuerdo con la orden de su padre, quieren comprar alimentos. Se presentan ante José y siendo reconocidos por él, ellos no reconocen en él a su hermano. Las novelas o las películas de hoy, pasarían aquí de manera natural a la venganza de José sobre sus pobres hermanos-verdugos. La fantasía sugeriría aquí a los autores maneras físicas y psicológicas de destrucción de los antiguos malhechores, de sus familias y de sus amigos. Sin embargo, el Autor bíblico, en las palabras que José dirige a sus hermanos, nos da la clave para interpretar la historia, tanto la suya como la de nuestra Congregación y la de cada uno de nosotros: “Ahora bien, no os pese mal, ni os dé enojo el haberme vendido acá, pues para salvar vidas me envió Dios delante de vosotros. Porque con éste van dos años de hambre por la tierra, y aún quedan cinco años en que no habrá arada ni siega. Dios me ha enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la tierra y para salvaros la vida mediante una feliz liberación. O sea, que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha convertido en padre de Faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo Egipto” (Ge 45,5-8).

José nos garantiza que independientemente de nuestros destinos y de la opinión que tengamos de ellos, Dios es el Señor de la historia. Es Dios quien nos conduce a través de situaciones y acontecimientos difíciles, incomprensibles, aparentemente sin sentido y malas. Es Dios el que sabe la solución a nuestros dilemas y el final de la historia. Él conoce el sentido y el objetivo de cada acontecimiento en la vida de cada hombre por separado y de el mundo entero. Lo que hoy me parece una maldición o un fracaso, en una perspectiva posterior, puede resultar siendo una bendición, una gracia y un elemento importante del plan de Dios en relación a mí y al mundo entero. José se abandonó en Dios y eso le permitió pasar a través de los dramáticos momentos de su vida. A la luz de la salvación de Israel, también pudo ver el sentido de las injusticias y humillaciones que la precedieron, que lo habían herido. Aún desde la perspectiva de la temporalidad, advirtió el sentido de toda su vida y de su participación en el plan de Dios. Algo semejante ocurrió con Gedeón, con Moisés, con David y con muchos otros protagonistas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

A un abandono en Dios aún mayor, fue llamado nuestro Señor Jesucristo. Ya en el seno de su Madre pudo haber sido apedreado junto con Ella, porque había concebido por obra del Espíritu Santo antes de vivir con José. Más adelante Herodes atentó contra Él y fue salvado gracias a que la Sagrada Familia huyó a Egipto. Durante su enseñanza terrena, se expuso varias veces al poder de los fariseos y escribas y por ellos fue sentenciado a muerte. No obstante, antes de que llegara Su hora, que el Padre había previsto, nadie pudo hacerle nada (ni siquiera cuando quisieron apedrearlo fuera de la ciudad, Él pasó por en medio de ellos y se alejó). Durante treinta años vivió oculto. Durante tres años enseñó, curó, arrojó espíritus malignos y resucitó a los muertos. Sin embargo, resultó que las más importantes fueron las tres horas durante las cuales murió en la cruz, abandonado casi por todos, burlado por los ancianos de Israel, por los soldados, los transeúntes y presos. Desde el punto de vista humano, a estas tres horas en el Gólgota se les puede llamar sólo tragedia, fracaso, pérdida. La victoria llegó después de tres días. Sólo desde la perspectiva de la resurrección de Cristo, de la venida del Espíritu Santo, de la Ascensión; desde la perspectiva de la historia de la Iglesia y del mundo, desde la perspectiva que en el Gólgota ninguno de los hombres conocía aún, se pueden evaluar las tres horas en el Gólgota y ver en ellas el centro de la historia del universo. Al observar hoy la historia de nuestra Congregación y la de cada uno de nosotros, podemos con seguridad percibir muchos más signos de la gracia de Dios que las que vieron nuestros predecesores o de los que vimos nosotros en el pasado. En el futuro se verán todavía más, cuando se amplíe la perspectiva del tiempo y cuando seamos capaces de ver la historia con ojos más Divinos que humanos.

La vocación de cada cristiano consiste en abrazarse al amor Divino, en tomar de la gracia de Dios y en conformarse con Jesucristo. En el caso de los religiosos se trata además de una singular imitación del modelo de la pobreza, la obediencia y la castidad de Cristo, de cada uno en particular y en cada comunidad. La historia de nuestro Padre Estanislao Papczynski es un proceso de formación en el que el Espíritu Santo fue conduciendo y formando de manera consecuente a nuestro Fundador según el modelo de Jesucristo. La Providencia Divina no le escatimó a Juanito Papczynski ya en la juventud, acontecimientos difíciles y que ponían en peligro su vida. Muchos veces estuvo a punto de ahogarse. Primero no pudo asimilar el alfabeto, después se escapó de la escuela por la forma inmoral en la que se comportaba un maestro. Con dificultad fue obteniendo su educación, viviendo en otras ciudades y huyendo de ellas a causa de la llegada de ejércitos o a causa de epidemias. En Lwow cayó gravemente enfermo y en la soledad estuvo cercano a la muerte. Dios fue formando en el Fundador de nuestra Congregación, a través de todos estos acontecimientos, perseverancia, fortaleza, libertad en relación a los lugares y a las personas, amor a las personas pobres y apertura hacia ellas, seguridad de que todo es gracia y de que Dios cuida incesantemente de nuestra vida y la conduce.

En la Orden de los Escolapios, el Padre Estanislao Papczynski profesó los tres votos religiosos y recibió la ordenación al presbiterado. Allí siguió obteniendo educación y prestó su servicio de manera diversa tanto a los adinerados de este mundo como en medio de los más pobres. Allí aprendió la vida en comunidad y la lucha por ella. La voluntad de Dios, la verdad y el bien, eran los valores a los que servía. Por medio de la oración, del ministerio de sacerdote y orador, en numerosas persecuciones y rechazos por parte de los suyos, fue uniéndose a Cristo sufriente y crucificado. Para el bien y la paz de la comunidad de los Escolapios, con la aprobación de la Santa Sede, a pesar del dolor y del sentimiento de injusticia, abandonó la Orden, aunque la consideraba como su casa y como su educadora espiritual. Hoy podemos decir que el período escolapio fue para el Beato Padre Papczynski un noviado y una preparación para la obra a la que Dios lo había llamado en una perspectiva posterior – para la fundación y conducción de la Congregación de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María.

En el inicio de la Congregación de los Marianos, Dios le reveló al Padre Papczynski que había de poner toda su esperanza no en los ricos de este mundo sino en Dios mismo. Retiraban su apoyo aquellos que anteriormente se lo habían prometido, pero Dios llamó a la existencia nuestra comunidad religiosa. El Padre Papczynski admitió y formó a sus compañeros, que no eran ideales sino comunes, tales y como se los dio Dios. En lo que humanamente no funcionaba como debía (falta de apoyo, falta de candidatos idóneos, falta de lugar), Dios infundió vida. El Espíritu Santo guió al Padre Papczynski en la oración, a través de visiones místicas, por medio de conversaciones con personas y de la dirección espiritual. Teniendo su visión y sus deseos, el Beato aceptaba con humildad la conducción Divina, que se realizaba a través del servicio de la Iglesia. En la Selva Korabiewska, el Obispo visitador le dio a los marianos un carácter ermitaño, aunque el Beato Fundador deseaba una comunidad apostólica. El proceso de la aprobación pontificia transcurrió lentamente, hasta que finalmente, en vez de tener su propia regla, los marianos fueron aprobados con la Regla de las Diez virtudes de la Bienaventurada Virgen María. Después de casi treinta años de gestiones por la orden de los marianos, el Padre Papczynski fue el primero que profesó los votos perpetuos… después de un par de meses murió. Hasta sus últimos días, Dios le enseñó a vivir en una entrega total e incesantemente le mostraba solamente un pequeño pedazo del camino, para que de Dios y para Dios fuera todo en esa “pequeña Congregación de la Inmaculada Concepción, Auxiliadora de los Difuntos” (Segundo Testamento, Nueva Jerusalén 1701, 5).

El día de su muerte, el Beato Padre Papczynski, en el año de 1701, había sólo apenas más de 10 marianos que habitaban en tres modestas casas (Selva Korabiewska, Nueva Jerusalén, Gozlin). Antes de que San Francisco de Asís muriera, lo acompañaban ya varios miles de hermanos. Antes de que San Ignacio de Loyola muriera, gozaba de la presencia de jesuitas en muchos lugares del mundo. Por otra parte, Carlos de Foucauld murió en la soledad, sin compañero alguno. Los marianos, por un designio muy extraño de Dios, nacieron como la “última en la fila y la más pequeña Congregación de Clérigos de la Bienaventurada Virgen María concebida sin Mancha” [Fundatio Domus Recollectionis, Serva Korabiewska 1675, 1]. Y no tenia duda alguna nuestro Beato Fundador, de que esto sucedió únicamente por misericordia del Señor y por Su gracia, ya que “la bondad y sabiduría Divinas, a pesar de las incontables dificultades que obstaculizaban, inicia y conduce lo que quiere, incluso cuando los medios, de acuerdo con el juicio humano, no son aptos para ello. Porque no hay nada imposible para el Omnipotente” [Ibidem].

Después de la muerte del Fundador, gracias a algunos personajes eminentes, la orden de los marianos se desarrolló por etapas. En 1779, surgió en Roma la Fiscalía General de la Congregación. El desarrollo de la comunidad alcanzó su apogeo en 1781, cuando en 13 casas religiosas se congregaron casi 150 marianos. Después de el tercer reparto de Polonia en 1795, las casas religiosas de los marianos se encontraban en tres repartos (en el de Rusia, Prusia y Austria). Desde 1815, después de la resolución en el Congreso Vienés del Reino de Polonia, todos las casas religiosas marianas se encontraron ya en el territorio ocupado por Rusia. En 1798, las autoridades de Napoleón cerraron nuestra casa religiosa en Roma y en 1834, los marianos en Portugal fueron abolidos por el gobierno portugués (anteriormente habían creado una rama independiente de marianos). En 1864, como respuesta al Levantamiento de Enero y la participación de los religiosos en él, el gobierno ruso publicó un decreto que había de conducir a la liquidación total de las órdenes. Y así, en 1901, en el casa religiosa de Mariampol, vivía ya sólo un mariano, que tenía todas las prerrogativas. En ese mismo año, el Beato Jorge Matulewicz-Matulatis profesó los votos y con el tiempo realizó la renovación de la Congregación. De esta manera, Dios condujo a los marianos a través de la muerte y les concedió una vida nueva.

El día 28 de agosto de 1987, fue beatificado en Roma el Padre Jorge Matulewicz-Matulaitis y el 16 de septiembre del 2007 en Lichen, el Padre Estanislao Papczynski. No hay duda de que Dios previó y planeó este tiempo, como el más apropiado para los marianos y para el mundo entero. El vínculo profético que el Padre Papczynski hizo de la Congregación con la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el acento en la oración por los difuntos y la ayuda a los párrocos ha de vivificarnos y encendernos de nuevo precisamente hoy. Hoy, cuando el mundo libra una batalla por la dignidad de cada ser humano desde su concepción hasta su muerte natural, en el mensaje del Beato Fundador, Dios nos da una perspectiva aún mayor. Hoy, cuando el mundo invoca la Divina Misericordia, nosotros descubrimos de nuevo que la Inmaculada Concepción de María es el primer fruto del Misterio Pascual de Cristo y de la Divina Misericordia. El Misterio de la Inmaculada Concepción nos convence y nos asegura que todos somos queridos por Dios y amados por Él aún antes de la fundación del mundo. Nos da la esperanza de que gracias a la Divina Misericordia, también nosotros alcanzamos el perdón de los pecados y, gracias a la gracia gratuita de Dios, revelada en Jesucristo, podemos llegar a ser una nueva criatura a ejemplo de María. La invitación a la oración por los difuntos señala de nuevo la vocación de cada uno de nosotros al cielo. Hoy, imitando al Padre Papczynski y también gracias al poder de Jesucristo, fatigándonos en la Iglesia que peregrina sobre la tierra, tenemos que socorrer a la Iglesia que se purifica en el purgatorio, para que todos, vivos y difuntos, algún día tengamos parte en la Iglesia triunfante en el cielo. Pro Christo et Ecclesia, diría nuestro Beato Renovador.

Dios conduce la historia de nuestra Congregación, desde Su designio en la eternidad, a través de llamarla a la vida hace más de trescientos años, a través de su renovación hace cien años, hoy y hacia la eternidad. Está presente en cada momento, en cada acontecimiento de la Congregación entera, de las respectivas comunidades y de cada uno en particular. Estamos a veces sorprendidos de que Dios nos conduzca por esos caminos, a veces nos rebelamos, a veces no creemos en Su presencia y gracia. Nos imaginamos de manera diferente lo que es bueno y lo que es malo para nosotros. Sin embargo, Dios es el Señor de la historia, el Señor de la vida de cada uno de nosotros, de cada una de nuestras comunidades y de la Congregación entera. Ojala aprendamos a reconocer su incesante presencia amorosa. Ojala continuamente discernamos Su voluntad y la cumplamos. A Él la gloria por los siglos. Amén.


Pawel Naumowicz MIC
Polonia




PREGUNTAS (para reflexión individual o comunitaria)

  1. En mi vida y en la vida de la Congregación, ¿que analogía veo con la historia bíblica de los personajes y del mismo Jesucristo?
  2. ¿Qué acontecimientos de la vida del Beato Fundador y de toda la Congregación me convencen más de la presencia de Dios y de la conducción Divina de la historia de los marianos?
  3. ¿En qué acontecimientos de mi vida (alegres, tristes, difíciles) veo la conducción de Dios y la gracia de Dios?
  4. ¿En qué puntos de mi vida individual y comunitaria puedo hoy unirme más con Jesucristo y con Su Misterio Pascual?

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