Italy, Rome

December 8, 2012

Italy, Rome: Circular Letter of the General Superior on the Solemnity of the Immaculate Conception of the Most Blessed Virgin Mary, December 8, 2012 – in Spanish

CARTA DEL SUPERIOR GENERA PARA LA SOLEMNIDAD
DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BVM DEL 2012

Prot. n. 212/2012

Queridos Hermanos,

En la solemnidad titular de la Inmaculada Concepción de la BVM nos unimos en una sola fe y amor. Otra vez tomamos consciencia de que nos une el mismo carisma del Espíritu Santo y la misma respuesta a la gracia de la vocación. Hoy renovamos solemnemente los votos religiosos, encomendándole a Dios nuestro pasado y nuestro futuro. También le entregamos nuestra vida, trabajo, dificultades y esperanzas. Todo al servicio de Cristo y de la Iglesia a ejemplo de María Inmaculada y bajo su protección maternal.

Este año celebramos nuestra fiesta titular en circunstancias especiales. Ante todo, el Santo Padre Benedicto XVI dio inicio el día 11 de octubre del 2012 al Año de la Fe, exhortando a que “la Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud” (Porta fidei 2). En la Carta Apostólica Porta fidei, que anuncia su decisión, el Santo Padre explicó su sentido histórico-salvifico y esbozó el programa que es “útil para comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios” (Porta fidei 10). Si creemos que Cristo es el sentido y el centro de la historia, eso significa que también para nosotros el Año de la Fe es tiempo de gracia y de fortalecimiento del vínculo con el Señor, espacio de actuación del Espíritu Santo que conduce a profundizar la comprensión del carisma de nuestra comunidad religiosa y a una renovación espiritual personal.

También se vuelve elocuente el hecho de que la finalización del Año del beato Jorge Matulewicz coincida con el 340 aniversario de la aprobación del primer monasterio mariano en Puszcza Korabiewska (1673) y con el 290 aniversario de la aprobación pontificia de las primeras constituciones de la Congregación de los Clérigos Marianos (1723). Creo que las circunstancias que acabo de mencionar son puntos de referencia para nuestra Congregación el próximo año.

1. La Inmaculada Concepcion de la Madre del Señor – don y vocación
Profundizando en el pensamiento del beato Padre Fundador, como también en el de otros de nuestros Venerables Padres, nos damos cuenta de que el misterio de la Inmaculada Concepción de la BVM se hace subjetivo en la persona de María. Es un don otorgado a la Madre del Señor. De alguna manera se encarna en Ella, presagia su maternidad Divina, anuncia al Redentor que viene. Es un don del Espíritu Santo que se comprende sólo y únicamente en referencia a otra concepción inmaculada: la concepción de su Hijo. En este don reconocemos también el privilegio, es decir, el carácter excepcional e irrepetible de María, porque la libra de la nefasta herencia del pecado original. Con esto podemos comprender la admiración del beato Padre Fundador por la Llena de gracia y el fundamento de la oración colecta en la solemnidad de la Inmaculada Concepción. Esta oración colecta ya existía en su época.

El don otorgado a María, así entendido, desvela, por una parte, la desmesura del amor salvifico de Dios ofrecido al hombre y, por otra, exigirá una repuesta constante durante todo el espacio de la vida de la Santísima Virgen. De esta manera, la Inmaculada Concepción de la Madre del Señor encierra en sí también la vocación, el designio de Dios para con Ella. Como no existe la Inmaculada Concepción de María como tal, sino que existe la Persona de la Madre del Señor a quien fue otorgada la gracia de una santa concepción, este don no es abstracto, ni destinado para el esplendor de Ella o su enaltecimiento, sino que esta entrelazado con la obra de la salvación. Al comprender esto nos viene en mente la escena evangélica de la Anunciación. El misterio de María revelado en las palabras del Ángel (Llena eres de gracia, el Señor es contigo), es la tierra donde se planta la semilla de su vocación, es decir, la propuesta de Dios para que se convierta en la Madre de su Hijo Altísimo. Es precisamente en estas circunstancias que María enfrenta la necesidad de dar una respuesta a las palabras de la Anunciación. Este don especial y excepcional la coloca frente a una vocación especial y excepcional. Dios pide y espera una respuesta especial y excepcional. Esta respuesta la encontramos en las palabras de fe de María, en su entrega total y confiada a Aquel de quien había recibido todo. En Ella todo era de Dios, nada era suyo: desde el primer instante de su existencia, pasando por el Calvario, la resurrección de su Hijo y la venida del Espíritu Santo, hasta su dormición en Dios y la Asunción a la casa del Padre. De esta manera Ella llego a ser para nosotros modelo de entrega a Dios, amado sobre todas las cosas, modelo del servicio a Cristo y a la Iglesia (Pro Christo et Ecclesia). Como marianos, que llevamos su nombre, no solamente hemos sido obsequiados con una singular gracia de vocación en la Iglesia. Estamos llamados también a actualizar en la Iglesia y en el mundo la forma de vida de María y su servicio a Cristo en el camino de la fe. Ojalá también en nosotros Él realice su obra como en Ella. Y ojalá que no le estorbemos sino que, escuchando atentamente su Palabra, respondamos por medio de la fe con toda nuestra vida.

2. El año 2013, Año de la Comunidad mariana
El día 24 de octubre del próximo año se cumplen 340 años de la aprobación que el obispo Jacek Swiecicki dio a la primera comunidad mariana. Con esta aprobación se dio inicio al proceso mediante el cual se fue dando forma al estilo de vida religiosa que el Espíritu Santo plasmó en la mente del Fundador (Fundatio Domus Recollectionis, núm. 6). Pasados 50 años desde el surgimiento del primer monasterio, quedó finalizada la edificación de los cimientos fundamentales de la Congregación de los Clérigos Marianos. El 3 de septiembre de 1723, el papa Inocencio XIII aprobó las primeras constituciones marianas. Esto tuvo lugar ya después de que el Fundador había muerto, hace 290 años.

Estas circunstancias históricas mencionadas son una referencia importante en nuestro hic et nunc porque indican que una dimensión esencial de nuestra consagración es la vida en una comunidad aprobada por la Iglesia, conforme a normas ratificadas que expresan el carisma del Instituto religioso. Este es el primer motivo por el cual el año 2013 es el Año de la Comunidad mariana.

Otro motivo no menos importante es también el hecho de que casi después de dos años de haber estado desempeñando el cargo de superior general y después de haber visitado la gran mayoría de las casas religiosas, he advertido signos de que existe una crisis de la vida comunitaria. A pesar de que los hermanos en teoría comprenden de una manera bastante clara los principios de nuestra vida religiosa, sin embargo, desafortunadamente en la praxis de la vida a menudo se advierten posturas irrespetuosas. Algunos parecen haber olvidado la necesidad de cuidar el espíritu de fe y el sentido de todas las normas y prácticas de la vida comunitaria a las que el religioso se compromete al profesar los votos.

La consagración religiosa no solamente exige cierto nivel de fe imprescindible para la entrega a Dios en la comunidad una vez, sino que implica un cuidado constante por el desarrollo de la relación con Dios. Hay muchos hermanos que dan ejemplo positivo de este cuidado y tratamiento prioritario de la vida espiritual. Son para otros un buen punto de referencia, testimonio de una sabía fusión entre la vida de oración y el servicio. Con su vida demuestran que la actividad apostólica fructífera no se opone a la contemplación. Parece, por lo tanto, que el menosprecio y el descuido de la vida espiritual es la causa del extravío de algunos hermanos. Al darle prioridad a la actividad —incluso positiva— por encima de la vida espiritual, el religioso pierde el rumbo y pierde el sentido de muchas dimensiones de la vida comunitaria, cuya comprensión se encuentra únicamente en la fe ante el Señor. Con el tiempo, en vez de buscar la gracia de la conversión y la fuerza que fluye de una vida profundizada con Dios, decide modificar su vida adaptándola a su propia mentalidad ya modificada. Estas situaciones son siempre dramáticas.

Por voluntad de la Iglesia estamos viviendo el Año de la Fe. Para nosotros es un tiempo óptimo para descubrir de nuevo nuestro amor inicial por Cristo y por la Iglesia. Este amor se alimenta de la fe y saca fuerzas de llevar una vida sacramental constante, de la lectura y la meditación de la Palabra de Dios, de la oración personal y de la lectura espiritual. No nos dejemos manipular por el espíritu del mundo y si ya estamos percibiendo sus primeros signos quiere decir que el Espíritu nos esta llamando a la conversión, a retornar a las fuentes de nuestra vocación y de nuestra verdadera felicidad.

En las circunstancias mencionadas declaro el año 2013 Año de la Comunidad

Que el beato Padre Fundador sea quien nos guíe y acompañe en este esfuerzo por devolverle a la vida comunitaria el lugar que le corresponde. Aquí tengo en mente no solo el recuerdo histórico de la fundación del primer monasterio mariano, sino también la doctrina, que nos dejo como brújula y su intercesión paternal que tanto nosotros como muchos laicos constantemente experimentamos.

Nos son entrañables ante todo sus palabras de Normae Vitae (II 4): “En lo que concierne al amor mutuo, al amor entre ustedes, debes saber que es más agradable a la Majestad Divina aquél que sea considerado como el más sobresaliente en el amor mutuo. Que cada quien recuerde que el alma de su Instituto es el amor y que en la misma medida en la que se aleje de él, se alejará también de la vida. Por lo tanto, con la misma vehemencia con la que procurará contribuir al bien, fama, pureza y santidad de toda la Comunidad, debe manifestar a cada persona en particular lo mismo que desearía para sí mismo. Debe evitar, entonces, aquella nociva peste, la más contraria al amor, de: la envidia, el odio, el rencor, la rivalidad, la sospecha, la difamación, la antipatía, la simpatía, el antagonismo, la acusación, el insulto, el chisme, la murmuración, el atormentar, la parcialidad, el desprecio de los demás; el crear confusión, enredos, contiendas y altercados. Y así como procura la paz de su propia alma, de igual manera debe procurar la paz ajena y la paz de la casa, como celoso guardián del amor. Por último, debe apartar convenientemente todo mal, tanto de la Comunidad entera, como de cada uno de sus miembros. Recuerden el amor de la Iglesia primitiva, acerca de la cual, el autor de los Hechos de los Apóstoles dice: “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” [Hch 4,32].”

Queridos Hermanos,
Los exhorto a todos Ustedes para que en especial en este tiempo que se aproxima tomen en cuenta, en la reflexión y en la oración personal, el fundamento de nuestra vocación, es decir, la vida comunitaria en el contexto del Año de la Fe. Para ello sin duda podrán servir los días de recogimiento mensuales, renovaciones, retiros, conventos y la elección de lecturas apropiadas. Aunque tanto la solicitud por una fe viva como la fidelidad a la vida comunitaria tienen un carácter interior y personal, no obstante, “la fe viene de la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo” (Rom 10,17), y la vida comunitaria se alimenta del auténtico testimonio de la fe y la caridad. Que nos acompañe el empeño por predicar justamente a Cristo, tanto a través de la palabra, como también con el ejemplo de vida y la consciencia de que, precisamente de esa manera, nos ayudamos mutuamente y nos convertimos no solo en un grupo de hombres reunidos para realizar determinados objetivos, sino en una comunidad de vida que comparte la misma fe, el mismo amor y el mismo carisma. María, Madre del Señor y Madre nuestra es para nosotros modelo de permanencia junto a Cristo en las buenas y en las malas.

En la solemnidad de su Inmaculada Concepción los encomiendo a todos Ustedes a Dios Uno y Trino y a la intercesión de los santos, pidiéndoles al mismo tiempo que oren por mi para que cumpla con aquello a lo que el Señor me ha llamado.

Immaculata Virginis Mariae Conceptio sit nobis salus et protectio!

Andrzej Pakula MIC
superior general

Other news

2018-03-14T14:32:54+02:00